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Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie

Actualizado: 22 abr 2021


Ya estamos en pleno veranito y, como el sol pega fuerte, os traigo este título tan apropiado. Publicado en 2006 por la nigeriana Chimamanda Ngozi Adiche, el libro, en realidad, poco tiene que ver con vacaciones veraniegas sino con la guerra de Biafra de los años 60, que enfrentó al territorio independentista de Biafra contra el Estado de Nigeria, al que la región pertenecía entonces y que sigue pertenenciendo hoy. Así que ya sabéis quién gana.


El título del libro hace referencia a la bandera de Biafra, compuesta por tres franjas horizontales: roja, negra y verde. En la franja negra hay medio sol amarillo que representa el amanecer de un nuevo país y esas movidas.


La historia nos presenta a dos hermanas mellizas, hijas de un alto funcionario del nuevo Estado de Nigeria, que acaba de conseguir su independencia en 1960. Para ponernos una poco más en contexto, hay que explicar que Nigeria es un crisol de grupos étnicos de los cuales los mayoritarios son tres: los hausa-fulani al norte del país, que son musulmanes; los yoruba al suroeste, que siguen una religión autóctona que es la base de la santería y el candomblé desarrolladas por los esclavos negros del Caribe y Brasil; y los igbo al sureste (Biafra), hoy de mayoría cristina. Esta división étnica es la que luego va a vertebrar el conflicto bélico que hace de telón de fondo para la historia (o historias) que narra la autora en la novela. Otra cuestión importante: los hausa del norte, tradicionalmente más pobres, ya habían tenido conflictos con los igbo del sureste desde antes de la colonización británica, y los colonizadores, pensando que los hausa serían más controlables que los igbo, les habían favorecido durante todo el período colonial dándoles prebendas y puestos en la administración en detrimento de los otros grupos. Así que en el momento de la independencia las cosas quedan así: los hausa y los igbo mirándose de reojo con ganas de acariciarse el lomo, y los yoruba un poco pasando del tema. La capital de Nigeria, Lagos, una ciudad muy cosmopolita, está al suroeste, territorio de mayoría yoruba, lo que temporalmente amortigua un poco el conflicto.    


Volviendo a las hermanas mellizas, éstas se llaman Olanna y Kainene, son igbo, no se llevan demasiado bien, y cada una tiene una personalidad muy marcada: Olanna es una buenaza idealista que siempre intenta ayudar a todo el mundo, colabora con la Fundación San Vicente de Paul para socorrer a los pobres, reza en la iglesia, y se enamora de un intelectual revolucionario mazo de izquierdas llamado Odenigbo. Este también es igbo, da clases de matemáticas en la Universidad de Nsukka, y habla de todo como si hubiera nacido sabiendo. Olanna se va a vivir a Nsukka para estar con él y trabajar también como profe de sociología en la misma Universidad. Vamos, que estos dos son una pareja estereotípica con patas.  Por su parte, Kainene es una cínica que pasa de todo, no cree aparentemente en nada salvo en el dinero, y se dedica a administrar los negocios de su padre y codearse con la alta sociedad nigeriana y británica. En uno de esos eventos para pijos que organiza la familia de las hermanas en Lagos, Kainene conoce a Richard, un escritor inglés tímido y bobalicón que acude a Nigeria para conocer de primera mano el arte igbo, en concreto, unas vasijas de bronce encontradas en unos yacimientos arqueológicos. Y bueno, que también estaba hasta las narices de su aburrida vida de pijo en Inglaterra y se va de aventuras con el dinero de su tía para escribir un libro sobre el arte africano, Nigeria o lo que surja. El tema es que Kainene y Richard se lían y se enamoran. Pero Kainene se va a vivir a Port Harcourt, la ciudad más importante de Biafra, para dedicarse a sus negocios, mientras Richard se instala en Nsukka, para investigar también en la Universidad y escribir su libro. Aunque, bueno, quedan para verse con frecuencia findes y festivos. Hay un quinto personaje fundamental en la novela: Ugwu, el criado de Odenigbo. Es un muchacho pobre, también igbo, que viaja desde su pequeña aldea natal hasta Nsukka para ponerse al servicio del profe revolucionario pijo. Este personaje nos permite ver el contraste entre la alta sociedad nigeriana-biafreña y los trabajadores pobres del hogar. Al principio Ugwu flipa mucho con Odenigbo porque este, que es mazo enrollao, le trata bien y le apunta a la escuela, a diferencia de lo que suelen hacer otros amos con sus criados. Pero vamos, que Ugwu es el criado, y punto.    


El caso es que los personajes hacen sus vidas, se enamoran, se enfadan y tienen sus conflictos entre ellos. Aparecen muchos otros personajes, como los colegas intelectuales de Odenigbo, que se pasan la vida de charla en su salón despotricando contra todo y clamando por la revolución, o como los otros criados de otras casas de Nsukka con los que Ugwu traba amistad. También tienen una relativa importancia los exes de todos los personajes: el novio hausa que tenía Olanna en el norte antes de conocer a Odenigbo, el "amigo especial" militar de Kainene, o la racista e insufrible Susan, ex de Richard. A Odenigbo no se le conoce ex, pero tiene una madre muy cabrona y cateta que la lía parda. 


Olanna acaba teniendo una hija con Odenigbo de una manera un poco extraña, y Kainene le demuestra su amor a Richard dándole una de cal y otra de arena pero, como el tío es bobo, pues aguanta tan contento. Como digo, los personajes se dedican a llevar vidas raras y convencionales al mismo tiempo hasta que, finalmente, en el 67, estalla la guerra civil en Nigeria. Resulta que los igbo, que estaban hasta las pelotas de la corrupción y los abusos del gobierno hausa, dan un golpe de Estado y matan a muchos dirigentes. Los hausa responden rápido y desalojan a los golpistas del poder, pero se toman la revancha y empiezan las masacres y persecuciones de igbo por todo el país, sobre todo en el norte, donde mueren masacrados unos familiares muy queridos de Olanna y Kainene. Al mismo tiempo, altos dirigentes yoruba corren a pedir a los hausa que a ellos los dejen tranquilos, que no quieren saber nada. Total, que al final, los igbo se dan cuenta de que no tienen nada que hacer y deciden refugiarse en Biafra, donde son mayoría, y proclaman la independencia, aprovechando que la zona cuenta con las importantes reservas petrolíferas del delta del Níger (¡chorprecha!). Los hausa y el gobierno de Nigeria dicen que ni hablar de independencia (¿a que no te lo esperabas?), y el Reino Unido, EE.UU. y la Unión Soviética apoyan inmediatamente al gobierno presidido por Gowon. Por su parte, los independentistas biafreños solo cuentan con el apoyo de Francia, China y algunos románticos ricachones locos europeos que se van para allá a combatir.


La guerra ya está liada y, aunque todo pinta mal para Biafra, los independentistas y su carismático líder Ojukwu tiene la moral muy alta y están dispuestos a dar una lección a Nigeria, a las grandes potencias y al mundo entero. No obstante, nuestros protagonistas tienen que salir echando hostias de Nsukka ante el avance de las tropas nigerianas y las correspondientes masacres. Kainene, desde la seguridad de Port Harcourt, alejada del frente, es paradójicamente la única que no ve el menor futuro en la causa independentista y, al mismo tiempo (o quizá por eso), es la que toma las decisiones más racionales. 


A partir de aquí, el resto de la novela es la narración de la vida de los protagonistas y sus intentos de sobrevivir a una guerra cada vez más dura, inhumana y cuya razón de ser va debilitándose a medida que transcurre el conflicto. Así que, si queréis saber más, a leer.  


Para mí, el punto más flojo de la novela es que no hay realmente un conflicto principal, un objetivo o una quest, que tengan que resolver los personajes y haga avanzar la trama. El conflicto bélico es el telón de fondo y las historias narradas, que son varias y se entrelazan, son descripciones de cómo los personajes se adaptan y tratan de sobrevivir a la guerra. Y es que las historias que nos cuenta Adichie en la novela están basadas en las experiencias que vivieron familiares y personas cercanas a la autora, que es igbo, biafreña y nigeriana. Otro punto flojo, en mi opinión, es el tratamiento que da a algunos personajes y situaciones, que parece tener que ver más con el auge de estas últimas décadas de las políticas de la identidad que con un presunto realismo o denuncia social. Y es que la autora, aunque nigeriana, ha estudiado en universidades americanas, y eso imprime carácter e ideología. En todo caso, creo que es perdonable, puesto que la carga ideológica de la novela no es muy explícita y no toma por idiota al lector (no sermonea).   


En cuanto a los puntos fuertes, son unos cuantos pero hay cuatro a destacar:


1) La construcción de los personajes. Son muy realistas, complejos y con muchos matices. No es una novela de buenos y malos, a pesar de que la autora narra la historia desde el lado igbo. Todos los personajes tienen una mentalidad y motivaciones muy particulares y van evolucionando a lo largo de la historia.


2) Los puntos de vista. De entre todos los personajes, los principales son Ugwu, Olanna y Richard. Son los únicos de los cuales podemos conocer lo que piensan y sienten. El resto son descritos a través de los ojos de ellos y de sus propias acciones. Por eso son estos tres personajes con lo que más empatiza el lector, y por eso se pasa uno la novela esperando que Richard y Olanna manden a tomar viento a sus respectivas parejas y se líen entre ellos.


3) La estructura de la novela. Está escrita en cuatro partes, intercaladas en el tiempo. La primera y tercera parte narran los años antes de la guerra, mientras que la segunda y la cuarta abordan los años del conflicto y hasta que éste termina. Esta estructura, además de muy original, permite sorpresas en el lector ante incógnitas que se resuelven cuando la novela vuelve hacia atrás y regresa hacia delante. 


4) La novela logra dar a conocer un conflicto olvidado en el mundo occidental, y especialmente en Europa. Esta creo que es la intención principal de la autora quien, además, presenta el lado más humano y cotidiano de la guerra, alejado de todo estereotipo. Y es que la guerra de Biafra llegó a Europa únicamente a través de las imágenes televisivas del terrible Kwashiorkor, la enfermedad provocada por la hambruna que hace que los vientres de los niños se hinchen en unos cuerpos ya esqueléticos por la desnutrición; imagen que se ha repetido en hambrunas posteriores como la de Somalia. Adichie nos presenta un conflicto bélico en el que ocurren muchas más cosas que niños muriendo de hambre y que contiene una gran complejidad humana y política (incluso para las coordenadas políticas de la época).   

Como referencias, os dejo el enlace al trailer de la película del mismo nombre de 2014, dirigida por Biyi Bandele. La peli es una coproducción británico-nigeriana y recoge muy bien la esencia del libro aunque, por cuestiones de adaptación, cambia un poco la relación y el carácter de algunos personajes. Por ejemplo, mientras que en el libro Kainene es un personaje a veces odioso, en la película es sin duda mi favorito. 


Y para teminar, os dejo con Hail Biafra, tema de Rex Lawson, cantante biafreño al que se menciona varias veces en la novela y que fue un icono de la Highlife music, género africano originario de Ghana que causó sensación en la Nigeria de la época. El tema se escucha también en un escena importante de la peli.



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